4 jun. 2007

La arquitectura de Jujol y el disfraz de un niño.




Una manta, una escoba y un escurridor son objetos cotidianos, sin embargo en la imaginación de un niño jugando, ávido de relaciones simbólicas, se convierten en una capa, una motocicleta, y un casco samurai. El niño entreteje la realidad con la ficción mediante un mundo simbólico, transmutando en este proceso realidad y ficción constantemente, coexistiendo ambos temporalmente.



La arquitectura de Jujol, creo que posee esa misma cualidad que la que posee un niño jugando con su disfraz. A ojos de un adulto puede resultar absurda, al igual que los trozos de cartón y cacerolas pueden parecer inverosimiles como disfraz de un Robot.

Sin embargo, si miramos como lo haría un niño juguetón, la arquitectura de Jujol aparece como una rica cosmología asociativa, así, el teatro Metropol se disfraza, siendo teatro y Mar al mismo tiempo, Montferri es Montserrat y la casa Negre una estrafalaria carroza.